Chai con vegetales: ¡Por fin llegué a Nueva Delhi!

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Aeropuerto de Nueva Delhi

Luego de 8 horas de vuelo sin dormir y un sandwich frío en Frankfurt, me monté en un avión gigante rumbo a Nueva Delhi. El cansancio me venció poco después de despegar, y deje de notar a la señora de al lado que hablaba en hindi sin parar.

Cuando llegué al aeropuerto de Delhi, solo pude pensar en lo bonito, limpio y moderno que era, sobretodo cuando vi esas manos gigantes en inmigración. Ahí cometí el grave error de hacerme expectativas de India. LECCIÓN NÚMERO 1: De India no puedes esperar absolutamente nada. Nunca. Pero yo de novata, creía que al salir del aeropuerto la ciudad sería igual: limpia, moderna y bonita. No sabía lo equivocada estaba.

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Haciendo una siesta en un café en Delhi

Después de recoger mi equipaje llame a mi papá al otro lado del mundo, y me senté en un Costa Coffee a esperar  que un chico del programa de intercambio me recogiera. Estaba tan cansada que me quedé dormida sin darme cuenta. Luego de una hora, me encontré con el chico, y por fin salimos del aeropuerto.

A medida que nos adentrábamos en la ciudad, iba descubriendo cómo se veían las calles de Nueva Delhi, en esa oscuridad de las tres de la mañana, con el aire denso característico de aquí, y los rickshaws parqueados en las aceras. Al inicio traté de convencerme que solo estábamos pasando por una parte fea de la ciudad, y que ya mejoraría, hasta que me di cuenta que así era Nueva Delhi. No era tan grave como lo veía, pero era mi primera vez dándole un vistazo a todo ese caos dormido.

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Mi primera noche en Delhi

Llegamos al apartamento del chico del programa de intercambio, y me dijo que dormiría en la habitación de su hermana, un cuarto lleno de posters de dioses hindúes y bastante caliente a pesar de que aún no era verano. En ese momento mi mente estaba intentando procesar muchas emociones a la vez: ansiedad, miedo, expectativa y todo el cansancio. Al amanecer, aún seguía despierta y recuerdo cómo por primera vez pude oír a los pájaros de Nueva Delhi cantando y gritando apenas se asomaba el sol. Finalmente mi mente cedió, y me quedé profunda.

Me desperté a eso de las 11 de la mañana, y el chico del apartamento me ofreció un chai delicioso y extremadamente dulce, que no me pude tomar porque el cansancio me tenía cerrado el apetito. Salí de la habitación a la sala, y vi como en la mesa del comedor habían demasiados platos recién lavados, y al fondo una señora en saree sentada en el balcón estaba rodeada por completo de muchos vegetales, especialmente coliflores, que estaba preparando y limpiando.

Volví a la habitación a empacar la poca ropa que usé la noche anterior y no podía creer el shock en el que estaba. Quería que alguien me pellizcara y me despertara de ese sueño tan loco que estaba teniendo, en el cual me había ido a vivir a India. Pero no, esto era la realidad y era solo el inicio. Lo bueno, es que dicen que luego de superada la etapa de shock, te enamoras de India. Y te enamoras con todo el corazón. Ya les contaré cuando sienta que he llegado a ese punto.

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