Maravillas del mundo: Visitar el Taj Mahal en Agra

Visitando el Taj Mahal - Feliz Escape

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Después de mi viaje a Rishikesh, prometí que no viajaría por un tiempo y que me quedaría tranquila en Delhi por algunas semanas. Pero eso cambió rápidamente cuando me ofrecieron ir a Agra  visitar el Taj Mahal un domingo, así que no lo pensé dos veces y dejé atrás mis miedos de la mala experiencia anterior para aventurarme a conocer un nuevo destino.

El sábado en la noche me quedé donde mi amiga a pasar la noche, porque el domingo debíamos despertarnos muy temprano para salir a las 7 de la mañana de Delhi. Esta vez no fue en un bus con sillas que no reclinaban, si no en un cómodo carro solo para 6 pasajeros: tres chicos indios que trabajan con mi amiga, ella, su roommate polaca y yo. El conductor no sabía el error que estaba cometiendo al decirnos a las colombianas que sí podíamos poner las canciones de nuestros Ipods y con toda la felicidad del mundo empezamos a cantar canciones de reggeaton y de Shakira. Luego uno de los chicos nos dio helado de desayuno en la primera parada que hicimos en la carretera. Con el azúcar por los cielos, bailábamos y nos reíamos con canciones de salsa y Bollywood que ellos nos ponían, nos inventábamos la letra y las cantamos todas sin parar hasta que llegamos a Agra a eso de las 10 de la mañana. Agra es una ciudad pequeña, muy desordenada y donde se nota mucho la contaminación. La verdad al visitar el Taj Mahal, es difícil creer que una de las siete maravillas del mundo moderno esté ahí, pero así es India.

Antes de ir a visitar el Taj Mahal, fuimos a comer un naan primero y por el camino podíamos ver monos en los techos de las casas y camellos a los lados de las calles, y a pesar de que debía estar acostumbrada ahora, se me sigue haciendo muy raro ver animales así libres por ahí. Cuando llegamos por fin a visitar el  Taj Mahal, nos asignaron una guía a la entrada, pero hablaba demasiado y no nos gustaba el “tour” en el que nos estaba llevando, ya que por algún motivo se paraba durante mucho tiempo en los lugares menos interesantes, pero quería saltarse los más bonitos de todo el recorrido. Luego de pasar seguridad, empezamos a caminar por un pasillo hermoso en piedra roja que finaliza en la primera mezquita del complejo, y cuando giramos a la derecha, descubrimos que es la entrada por donde se ve logra ver por primera vez el Taj Mahal que parece enmarcado.

Como he explicado en posts anteriores, mi decision de mudarme a India fue un poco impulsiva. Nunca fui una persona obsesionada con la cultura y la historia India, o una amante del yoga que se moría de ganas de visitar este país, pero de alguna forma ahora lo amo. Entonces, no sabía mucho más de India que lo que aprendí en el colegio y mis conocimientos de cultura general acerca de este maravilloso país. Creo que tal vez es un destino tan lejos de Colombia que durante mi infancia y adolescencia pensé poco en India como una posibilidad de viaje, tal vez nunca lo vi como un lugar que visitaría pronto.

Pero cuando vi por primera vez ese edificio en mármol blanco, que con un sol de verano de India casi te puede dejar ciego, tan hermoso e imponente, me tomó unos cuantos minutos darme cuenta de que lo que estaba viviendo era real. Fue un momento muy emocionante para mi y a cada rato me decía “Wow, no puedo creer que esto está pasando”. Pero ahí estaba, frente al Taj Mahal en Agra, un pueblo en la inmensidad de Asia, en uno de los lugares más icónicos del mundo, viéndolo con mis propios ojos, cuando hace algunos meses ni se me pasaba por la cabeza visitarlo. A pesar de que nunca estuvo en el top de mi “lista de lugares por visitar” (el #1 era y sigue siendo Jerusalem), me di cuenta de lo equivocada que estaba. Pero ahora, después de ver la verdadera maravilla que es, podría decir que es fácilmente uno de los destinos que visitaría cada año si pudiera. Y cada vez valdría la pena.

El día que fui a visitar el Taj Mahal, hacía un calor sofocante, y la falda larga de elefantes que llevaba no era de mucha ayuda (nada que no fueran shorts era de ayuda). Sentía como el sudor se resbalaba por mis piernas como si me estuviera dando una ducha y por no tener mucho bloqueador ni nada para cubrirme la cabeza, me insolé en la frente. Además, por ser el monumento más famoso del país y por ser un domingo, la cantidad de personas era absurda y desmedida. Pero realmente nada de eso me importó porque no podía dejar de sentir felicidad y emoción por estar en un lugar tan mágico como ese. Si tienes dudas acerca de visitar India, te digo que SOLO este destino vale la pena (a pesar de que hay cientos de otros hermosos destinos que India ofrece), pero solo ver este es suficiente para venir aquí. Lo vale todo. Ver el Taj Mahal por primera vez es una experiencia que vale la pena vivir, y es una imagen que vale la pena atesorar. Sin ninguna duda puedo decir, que en mi mente, es una de las imágenes más bonitas y valiosas que tendré la fortuna de recordar por el resto de mi vida.

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